Programar una gema con un fin concreto

Siempre que compramos una piedra vemos sus cualidades y las llevamos encima para que su energía nos ayude. Como mucho la limpiamos y purificamos. Pero nunca tenemos en cuenta lo siguiente:

Si, por ejemplo, deseamos aumentar nuestra creatividad, decimos, bueno miro la lista y digo, anda, voy a llevar encima siempre una turquesa, así será suficiente. La limpiamos y la metemos en una bolsita para llevarla con nosotros.

Vale, así lo único que conseguiremos es que el bolso o la mochila nos pese el doble. La piedra tiene su energía y tu la tuya, si no trabajas para que vuestras energías se sintonicen nunca nos ayudará, es imposible, porque inconscientemente estaremos rechazando sus energías. ¿Y si la queremos con un fin concreto? Pues más difícil aún. Cierto que hay piedras como el ámbar que aumentan el poder de los rituales si las colocamos en el altar, estas tan sólo hay que limpiarlas, o que ayudan a relajarnos por su efecto “sedante” como la amatista. Pero si queremos que la energía de la turquesa (por ejemplo) sintonice con nosotros para que nos ayude con nuestra creatividad, deberíamos hacer el siguiente ejercicio:

Primero deberemos tener en cuenta que queremos atraer a nuestra vida, así que vemos la lista de las diferentes cualidades y, antes de elegir una en concreto, leemos atentamente o nos informamos de cómo actúan esas cualidades y así elegiremos aquella que más sintonice con nosotros mismos. Las piedras de la creatividad (por seguir con el ejemplo), pueden actuar en general, o ser más apropiadas para escritores, bailarines, pintores o escultores. Así que deberemos prestar mucha atención a esto. Preparamos el espacio ritual (ya que esto es un ejercicio pero a la vez es un rito). Podemos elegir una vela de un color apropiado para el fin que queremos conseguir y un incienso determinado que comulgue con este fin. Enciende la vela y el incienso (si es que hemos decidido usarlo), colocate en posición cómoda y coge la piedra con tu mano izquierda poniendo la derecha sobre él. Concentrarte, siente su energía y empieza a visualizar lo que quieres exactamente, mandando toda esa energía a la piedra.

Visualiza como si ya hubieses conseguido ese objetivo, como si estuvieses viendo una escena del futuro en la que la energía con la que has programado la piedra ya ha hecho efecto, nunca mandes señales o pensamientos de me gustaría tal, o desearía tal, sino de tengo tal o estoy feliz porque he conseguido tal. Si te es difícil visualizar (ya que es una tarea complicada), haz afirmaciones con la voz, siempre en presente y como si lo hubieras conseguido, por ejemplo, siguiendo con el ejemplo de la creatividad, di: “Tengo la creatividad para crear mis obras” o bien “Soy creativo y esto me hace muy feliz”. Nunca digas: “Me gustaría tener la creatividad para crear mis obras” o, “Seré creativo y esto me hará muy feliz”, repito nunca. No dejes de enviar esa energía a la piedra. Mantente así como un mínimo de 10 minutos. Cuando acabes, deja la piedra al lado de la vela y el incienso hasta que estos se consuman (si los has usado) y después lleva la piedra siempre contigo.

Su energía ya estará programada para ayudarte en tu empresa.

Fuente: piedrasygemas

SIGNIFICADO E HISTORIA DE LA MEDALLA DE SAN BENITO

La Medalla jubilar de San Benito, data de época muy antigua y debe su origen a la gran devoción que el Santo profesaba al signo adorable de nuestra Redención y al uso frecuente que él hacía y que recomendaba a sus discípulos para vencer las tentaciones, ahuyentar al demonio y obrar maravillas.

  • Explicación del anverso En las antiguas medallas aparece, rodeando la figura del santo, este texto latino en frase entera: Eius in óbitu nostro preséntia muniámur. "Que a la hora de nuestra muerte, nos proteja tu presencia". En las medallas actuales, frecuentemente desaparece la frase que es sustituida por esta: Crux Sancti Patris Benedicti, o todavía, más simplemente, por la inscripción: Sanctus Benedictus.


  • Explicación del reverso En cada uno de los cuatro lados de la cruz: C. S. P. B. Crux Sancti Patris Benedicti. Cruz del Santo Padre Benito En el palo vertical de la cruz: C. S. S. M. L. Crux Sácra Sit Mihi Lux. Que la Santa Cruz sea mi luz En el palo horizontal de la cruz: N. D. S. M. D. Non Dráco Sit Mihi Dux. Que el demonio no sea mi jefe.


  • Empezando por la parte superior, en el sentido del reloj: V. R. S. Vade Retro Satána. Aléjate Satanás - N. S. M. V. Non Suáde Mihi Vána. No me aconsejes cosas vanas - S. M. Q. L. Sunt Mála Quae Libas. Es malo lo que me ofreces - I. V. B. ípse Venéna Bíbas. Bebe tú mismo tu veneno En la parte superior, encima de la cruz suele aparecer unas veces la palabra PAX y en las más antiguas IESUS


Historia de la medalla No cabe duda que la medalla de San Benito es una de las más apreciadas por los fieles. A ella se le atribuyen poder y remedio, ya sea contra ciertas enfermedades de hombre y animales, ya contra los males que pueden afectar al espíritu, como las tentaciones del poder del mal. Es frecuente también colocarla en los cimientos de nuevos edificios como garantía de seguridad y bienestar de sus habitantes.

La medalla de San Benito El origen de esta medalla se fundamenta en una verdad y experiencia del todo espiritual que aparece en la vida de san Benito tal como nos la describe el papa san Gregorio en el Libro II de los Diálogos. El Padre de los monjes usó con frecuencia del signo de la cruz como signo de salvación, de verdad, y purificación de los sentidos. San Benito quebró el vaso que contenía veneno con la sola señal de la cruz hecha sobre él. Cuando los monjes fueron perturbados por el maligno, el santo mandó que hicieran la señal de la cruz sobre sus corazones. Una cruz era la firma de los monjes en la carta de su profesión cuando no sabían escribir. Todo ello no hace más que invitar a sus discípulos a considerar la santa cruz como señal bienhechora que simboliza la pasión salvadora del Señor, por la que se venció el poder del mal y de la muerte.

La medalla tal como hoy la conocemos, se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a una época anterior y tiene su historia. En el siglo XVII, en Nattenberg -Baviera-, en un proceso contra unas mujeres acusadas de brujería, ellas reconocieron que nunca habían podido influir malignamente contra el monasterio benedictino de Metten porque estaba protegido por una cruz. Hechas, con curiosidad, investigaciones sobre esa cruz, se encontró que en las tapias del monasterio se hallaban pintadas varias cruces con unas siglas misteriosas que no supieron descifrar. Continuando la investigación entre los códices de la antigua biblioteca del monasterio, se encontró la clave de las misteriosas siglas en un libro miniado del siglo XIV. En efecto, entre las figuras aparecía una de san Benito alzando en su mano derecha una cruz que contenía parte del texto que se encontraba sólo en sus letras iniciales en las astas cruzadas de las cruces pintadas en las tapias del monasterio de Metten, y en la izquierda portaba una banderola con la continuación del texto que completaba todas las siglas hasta aquel momento misteriosas.

Mucho más tarde, ya en el siglo XX, se encontró otro dibujo en un manuscrito del monasterio de Wolfenbüttel representando a un monje que se defiende del mal, simbolizado en una mujer con una copa llena de todas las seducciones del mundo. El monje levanta contra ella una cruz que contenía la parte final del texto consabido. Es posible que la existencia de tal creencia religiosa no sea fruto del siglo XIV sino muy anterior.

Benedicto XIV, en marzo de 1742, aprobó el uso de la medalla que había sido tachada anteriormente, por algunos, de superstición. Dom Gueranger, liturgista y fundador de la Congregación Benedictina de Solesmes, comentó que el hecho de aparecer la figura de san Benito con la santa Cruz, confirma la fuerza que su signo obtuvo en sus manos. La devoción de los fieles y las muchas gracias obtenidas por ella es la mejor muestra de su auténtico valor cristiano.